Paradas para descansar en autopista, uno de los enemigos desconocidos de la salud de tu motor turbo

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Los turbos son ya viejos conocidos en los coches modernos. Tanto diésel como gasolina, la mayor parte de coches modernos ya equipa tecnologías de turboalimentación para lograr más potencia con menos cilindrada, y por tanto, menor consumo de combustible. Es una tecnología que requiere ciertos cuidados por parte del conductor que pueden saldarse con facturas astronómicas para los conductores menos informados. Quizá no supieras que las paradas para descansar en autopista son uno de los enemigos desconocidos de tu turbo.

Imagina la situación. Llevas dos horas circulando por la autopista, a una velocidad de unos 130 km/h, cargado con equipaje y la familia. Tu cuerpo te pide un descanso, y como es perfectamente lógico y recomendable, se lo das. Entras en un área de servicio muy cómodamente situada, apagas el motor y te vas a tomar un café. Mientras tanto, y sin que lo sepas, tu turbo está “cociéndose” en su propia aceite, acortando su vida útil de forma considerable. ¿A qué se debe esta situación? ¿Qué puedes hacer para evitarlo?

Como ya os hemos explicado en alguna ocasión, el aceite es la sangre del turbocompresor. Lubrica sus componentes mecánicos, y evita que la fricción lo devore: la turbina de un turbocompresor gira a más de 100.000 rpm. Cuando nos detenemos y apagamos el motor, el aceite que lubrica los componentes del turbo queda atrapado en su interior. Este aceite se carboniza y forma depósitos sólidos en su interior, que poco a poco, acortan la vida del turbo.

Las roturas de turbo son muy caras, y un turbo dañado puede romper en el momento en el que menos lo esperas.

Os voy a poner otro ejemplo que aclarará conceptos. Imagina que vas corriendo, haciendo deporte. Llevas unos buenos 40 minutos a un ritmo aeróbico relativamente fuerte. Sin previo aviso, te detienes y te sientas. No pasará ni medio minuto hasta que una sensación de calor y sofoco invada tu cuerpo. Si no estiras, posiblemente tendrás unas terribles agujetas al día siguiente. Lo mismo le pasa a tu coche cuando apagas el motor nada más detenerte tras varias horas de alta exigencia: la mecánica va a sufrir un deterioro.

Dale un respiro a tu coche

La solución a esta destrucción progresiva de tu turbo es muy sencilla. No apagues el motor nada más detenerte. Espera a que todo el mundo recoja sus cosas, se quite los cinturones y salga del coche. Si tienes niños o viajas con la familia sabes que este proceso puede demorar tranquilamente un par de minutos. Deja el motor al ralentí durante este tiempo, y permitirás que el eje del turbocompresor normalice su temperatura, además de evitar que el aceite que lo baña se carbonice al apagarlo de improviso, dañándolo.

Tras exigir al motor, deja que repose dos minutos al ralentí antes de quitar el contacto. Tu turbo lo agradecerá.

Lo mismo ocurre si has estado divirtiéndote un rato en una carretera de curvas, o has subido un puerto – en general, cualquier situación en la que el motor del coche ha estado sometido a una alta exigencia. Otro buen consejo es emplear aceite sintético de alta calidad, protegerá y lubricará mejor tu motor y sus componentes. Imagina que pudieras elegir la calidad de la sangre de tu cuerpo, ¿querrías sangre de baja calidad? Ya os hemos advertido de lo caro que es un turbocompresor de nueva factura.

Los motores actuales cada vez tienen mayor potencia específica. No resulta extraño ver a motores diésel con potencias específicas de 100 CV/litro y motores de gasolina con 130-150 CV/litro. En un diésel de 160 CV y 1,6 litros de cubicaje – como puede ser el motor twin-turbo del Renault Talisman – los turbocompresores soplan a alta presión, y están sometidos a mucha más carga que aquél SEAT Ibiza 1.9 TDI de 90 CV que te regalaron al empezar la universidad. Es decir, requieren un mayor cuidado para no comprometer su fiabilidad a largo plazo.

Tu motor lo agradecerá, y tu cartera también.